Sit amet

La imagen ha sido cedida y es obra de Almudena Arbós. https://almudenaarbos.jux.com/

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viernes, 18 de junio de 2010

domingo, 25 de abril de 2010

FUSILES, POR BALAS CLAVELES


De abril, capitanes valientes.
Fusiles, por balas claveles.

Hoy es 25 de abril, aniversario, hoy, Grandola vila morena es la canción que abre este blog.

miércoles, 14 de abril de 2010

14 de abril A POR LA TERCERA


Tal día como hoy de 1931 nacía en España un sueño, la fe no cristiana en un mundo mejor, en un país de hombres y mujeres iguales, en una tierra sin cabida para la miseria y el hambre, en una nación culta y desarrollada.

Pero no pudo ser...

Porque los eternos dueños de todo no estaban dispuestos a renunciar a nada, porque para poder seguir mirando desde arriba necesitaban tener a alguien debajo... Porque siempre fueron amos...

Y arrancaron de cuajo las entrañas de la esperanza...

PD: A día de hoy las cunetas de las carreteras y caminos de este país siguen sembradas de cadaveres de aquellos que lucharon por esa utopía que creyeron real y posible, y se coacciona y amenaza a quienes pretenden devolverles el honor y la dignidad, a todos ellos vaya este, mi modesto y más sincero homenaje.

SALUD Y REPÚBLICA

domingo, 14 de marzo de 2010

Y ME TOPO CON ÉL...

Cada vez...
Cuando me rindo...
Cuando ya no sé...
Cuando sé...
Que todo es falso...
Que nada es...
Me topo con él...

Y descubro que aún queda gente auténtica en este mundo...

Que grande eres...

miércoles, 24 de febrero de 2010

CIORAN


Refulgente el sol en Madrid (de momento) no puedo sino sentirme más animado (ayuda también la sobredosis de cafeína para que negarlo) es por eso que lo que viene a continuación no tiene que ver con nada que se me pase por la cabeza, es tan solo un extracto de lo que un genio como Ciorán pensaba respecto a las “Tendencias autolíticas” (es largo, si no queréis leerlo lo entenderé pero merece la pena, de verdad.)

Matarse es, de hecho, rivalizar con la muerte, es demostrar que uno lo puede hacer mejor que ella, es hacerle una jugada y, éxito no desdeñable, rehabilitarse ante sus propios ojos. Se tranquiliza uno, se persuade uno de que no se es el último, de que se merece cierto respeto. Uno se dice: Hasta ahora, incapaz de tomar una iniciativa, no tenía ninguna estima por mí mismo; ahora todo cambia: destruyéndome, destruyo del mismo golpe todas las razones que tenía para despreciarme, vuelvo a ganar confianza, soy alguien por siempre jamás...
Existe en nosotros una tentación, mejor que una voluntad, de morir. Pues si nos fuese dado querer la muerte, ¿quién no se aprovecharía a la primera contrariedad? Aún interviene otro impedimento: la idea de matarse parece increíblemente nueva a quien se ve poseído por ella; se imagina, pues, que ejecuta un acto sin precedentes; esta ilusión le ocupa y le halaga, y le hace perder un tiempo precioso.
El hecho tan sencillo de mirar un cuchillo y de comprender que sólo depende de ti hacer cierto uso de él, da una sensación de soberanía que deriva en megalomanía.
El que no ha pensado nunca en matarse se decidirá a ello mucho más prontamente que quien no cesa de pensar en ello. Como todo acto crucial es más fácil de cumplir por irreflexión que por examen, el espíritu virgen de suicidio, una vez que se sienta impulsado a él, no tendrá defensa alguna contra este impulso súbito; se verá cegado y sacudido por la revelación de una salida definitiva, que no había considerado antes; en tanto que el otro podrá siempre retrasar un gesto que ha pesado y vuelto a pesar indefinidamente, que conoce a fondo y al que se resolverá sin pasión, si es que alguna vez se resuelve a ello.
Nadie se mata, como se piensa comúnmente, en un acceso de demencia, sino más bien en un acceso de insoportable lucidez, en un paroxismo que puede, si se empeña uno, ser asimilado a la locura, pues una clarividencia excesiva, llevada hasta su límite y de la que quisiera uno desembarazarse a cualquier precio rebasa el cuadro de la razón. El momento culminante de la decisión no testimonia, pese a todo, ningún embotamiento: los idiotas no se matan prácticamente nunca; pero puede uno matarse por miedo, por presentimiento de la idiotez. El acto mismo se confunde entonces con el último sobresalto del espíritu que se recoge, que reúne todos sus poderes y todas sus facultades antes de anularse. En el umbral de la última derrota se prueba a sí mismo que no está completamente perdido. Y se pierde, en plena posesión instantánea de todos sus medios.


Encuentros con el suicidio
Emil M. Cioran

sábado, 30 de enero de 2010

SALINGER... IN MEMORIAM


Adiós, Holden Caulfield, adiós J.D.
Ya nadie guardara el centeno...
Es dia de luto, es dia de llanto...
Se fué, nunca quiso ser...
 Y por fin lo consiguió.

NOTA: Estoy con la mayoria de los comentarios, a mi tampoco me gustó el Guardián entre el centeno, es más, ya lo dije en una entrada, pero creo que el personaje, Salinger, merece un homenaje.

martes, 12 de enero de 2010

ALLÁ, EN EL HORIZONTE


Porque somos nómadas incansables, eternos caminantes…
Porque siempre estamos de paso y nunca nos quedamos…
Porque obviamos teorías, nuestro universo es infinito…
Porque intuimos siempre algo más que descubrir allá, en el horizonte…
Porque renegamos de brújulas y nos guian las estrellas…
Porque nuestro hambre es atroz, porque somos insaciables…
Porque amamos para siempre pero seguimos buscando…
Porque a pesar de que muchos sucumbieron en el intento…
Nosotros aún soñamos con alcanzar algún día las costas…
De el mítico El Dorado…


A M y M, por llamarse igual, por ser dos pero ser la misma persona y por sostenerme entre ambas, aunque no lo sepan.Gracias.

lunes, 11 de enero de 2010

A ELLOS


A quienes brindaron su alma al diablo por el penúltimo trago.
A quienes de la cordura de los necios renegaron.
A quienes por el filo caminaron tambaleandose, descalzos.
A los púgiles vendidos.

A los vencedores derrotados.
A quienes se toparon con la musa en sórdidos antros.
A quienes les interesaba la gente “que arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas”.
A quienes nacieron “para robar rosas de las avenidas de la muerte”

A quienes vieron las mejores mentes de su generación “destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles”.

A Kerouac, Bukowski y Ginsberg…
Por dibujar la senda, por señalar el camino.

A los fumadores empedernidos...